PÓLIT, EL FACTOTUM

Es difícil liberar a los necios de las cadenas que veneran

Voltaire

9 marzo 2018

Sebastián Haffner, ese 11 de noviembre de 1918, es un mozalbete de once años que diariamente visitaba la comisaría de su barrio y de ese modo creía alimentar su vivencia del conflicto bélico en los acontecimientos que reporta allí la cartelera oficial. Cual no será su sorpresa hallarla yerma, negra y vacía, sin el habitual parte de guerra.

El tono de los comunicados distaba del aliento sincero del amigo. Tampoco contenían las certezas del púlpito o la confianza del maestro. Se habían convertido en anodinos heraldos de un statu quo donde el ejército rechazaba las acometidas del enemigo, mantenía unas posiciones, estratégicamente se retiraba a otras…, matizado de vaguedades. Sebastián decidió avanzar hasta la siguiente comisaría, pero encontró el mismo panorama. Siguió caminando, adentrándose en barrios desconocidos de Berlín, y terminó engrosando una abigarrada multitud arremolinada en torno al portal de un rotativo, que anunciaba en el titular: “Suscrito cese al fuego”. Los términos del armisticio se pormenorizaban a continuación.

Azorado, no atinaba a desentrañar las peculiaridades de esta rendición, tan prosaica, tan inmaterial y ominosa, que restallaba como abrasivo foetazo en el rostro. Le sorprendió ingrávido, como si hubiese caminado entre sombras y, súbitamente advirtiese los pies pendiendo del abismo.

Derrota incomprensible pues que procedía de un ejército que ganaba batallas; de una cartelera pregonera de capturas y derrotas enemigas. Del ejército que se batía en la lejana Francia, en una guerra que jamás había hollado el suelo patrio. Aquella experiencia semeja Haffner comparable al haber depositado metódica y habitualmente una significativa suma de dinero en el banco y un buen día, al pedir un extracto, comprobar que en lugar de un capital, se enfrenta una carga insoportable de deudas. Esta tragedia que imaginó, se hizo realidad entre nosotros. La quiebra bancaria prefigurada por el escritor alemán, es, más allá de su carácter descriptivo, fuerte simbolismo que acepta el símil de nuevas circunstancias.

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A la luz de las acusaciones entre los capitostes del correato, la reedición del caminar pendenciero de las autoridades en desmedro de los intereses nacionales reedita el tema de la confianza como asunto medular. Con Pólit como acusador, con Baca Mancheno, Serrano y Celi en rol de acusados, los damnificados adquieren nuevo rostro: el de los nacidos luego de la debacle bancaria. Ahora que acaban la secundaria sufren el desencanto de la ruindad política que estos diez años enseñoreó la vida nacional.

Preguntan cuándo acabará la corrupción. Cuándo convalecerá el civismo y podrán confiar en esta “democracia” huera. Hasta cuándo el “baile de sillas” entrega la conducción del estado a personajes encumbrados por su sinuosidad reptante. Preguntan si con su voto el destino nacional seguirá transitando los mismos andurriales. Cuestionan los que conservan la fe del carbonero, porque los hay quienes sucumbieron al “que se vayan todos”, muletilla anárquica del populismo.

La derrota de sus esperanzas, intangible, inconmensurable, es lección demoledora. ¿Se explica la destrucción si un gobierno construyó carreteras, edificó hospitales y centrales eléctricas, dotó de infraestructura a escuelas, juzgados y policía, festoneado de actos inaugurales? Precisamente por ello; porque toda la propaganda fue acumulando en la cuenta de los activos la imagen de un país nuevo, advenido a la sombra de sus banderas verdeflex, pulcro en la conducción de los recursos del erario. Y al contrario, sin excepción, se multiplicaron fraudes, sobreprecios, componendas…

“Acuerdos entre privados” a la hora de justificarse ante la opinión pública; lavado de activos al transar con el fiscal la reducción de la pena. Idoneidad de “corazones ardientes” y puntajes perfectos de quienes asumieron los entes contralores, por un lado; mafias ajustando cuentas, disponiendo vidas, por el otro. El desmoronamiento del mito neoliberal de la empresa privada, frente al retorno del estado para quebrar las televisoras, la línea aérea de bandera, arruinar los fideicomisos por desinversión e, ineptitud extrema, hundir al fútbol. Porque la realidad no está en lo material y concreto sino en los sueños arrasados de una generación que quería, necesitaba creer, en la existencia de un país a tono con los tiempos, las oportunidades internacionales, los desafíos tecnológicos.

Factótum en su doble acepción, Pólit descubrió la fórmula para ser a la vez correveidile oficioso de Correa y garante de cuanta leguleyada propiciaba cebar ese Moloch insaciable del gasto. Adocenado vista aforador de la contratación pública, hizo de la vista gorda según conviniese. Propincuo expedidor de licencias de falsa pulcritud, acrecentó su propia hacienda merced a la bastedad de sus atribuciones. A la par que escamoteaba documentos de la luz pública, hizo acopio de ellos para resguardar la verdad, según la versión de sí mismo que alimentó la zalema obsecuente del protocolo cortesano.

La repugnancia sobrecoge cuando el sedicente custodio de la moral pública desenmascara a la Comisión Presidencial del 30 de septiembre y al desnudarla echa el cieno de la miseria humana sobre su rostro. Monaguillo de la impunidad, revela que la comisión ad honoren cobró de gastos reservados emolumentos indebidos. Pero que el nefasto trío Baca- Bonilla- Núñez, menos hombres que hienas, atraído por el olor de los muertos, elaborara una astracanada inverosímil para propiciar la persecución de opositores, de discrepantes, rebasa lo criminal.

Ruindad que no conoció límite, Correa y su pléyade pasarán a los anales como manipulación genética de aquellos canallas que personifican lo perverso, lo maligno. Pólit, miserable como un Uriah Heep a la hora de escamotear del pueblo ecuatoriano los recursos que llevó a su faltriquera. Pólit, como un Thenardier, calló siete años la tergiversación de aquel día aciago mientras puntualmente recogía su sueldo manchado con la sangre de los caídos. Pólit, hipócrita cual Fabrizio del Dongo, malabarista de los acontecimientos, negociante de la moralidad.

Cuándo no hallamos en qué creer frente al acontecimiento alevoso, argumento en qué confiar pues las verdaderas reglas de lo ocurrido nos han sido ocultadas, no faltará quien justifique diciendo que todo país tiene sus mafias. En el Ecuador, la mafia tuvo un país.

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REQUIEM POR LOS HÉROES

Todos los tiempos producen Clodios, pero no todos producen Catones

Séneca

18 febrero de 2018

Entre los regalos del día de la Primera Comunión, a más del breviario de rigor, nos hacían presentes de las vidas de santos y héroes. Asimilarlas conllevaba la expresión del largo proceso preparatorio. De las lecciones que realzaban la ocasión con la anécdota ejemplar. Así comparecieron los mariscales de Napoleón, disputando cual había sido el día más importante en la vida del Sire. Unos decían que la victoria de Wagram, hija de su brillantez táctica; otros decantaron por Marengo, afortunado arrojo personal que transformó una derrota inminente; los más por la batalla de Austerlitz, la mayor de ellas. Cuando supo Napoleón el motivo de la animosa disputa, desmintió a todos, asombrándonos también: nada comparable al de su Primera Comunión. Amén. ¿Es verdad el relato?

El género histórico se ha nutrido desde siempre de referencias biográficas, cuando no ha convertido la historia en la transmisión de sola esa fuente para explicarla. Ha tomado de la anécdota, del decir popular, referencias apartadas de la ciencia, difíciles de comprobar, propicias al error. No obstante, cuenta entre sus joyas universales con ejemplares como los “Varones ilustres” de Nepote, “Los doce Césares” de Suetonio y las “Vidas paralelas” de Plutarco, símbolos en todo tiempo de cultura y refinamiento. El Diario de Manuela Sáenz consigna que durante la memorable recepción ofrecida en Quito al Libertador, capturó la atención de Bolívar la versación que la quiteña poseía sobre las “Vidas”, elemento de animada disputa, hilo desencadenante de su mutua pasión.¹  

En esta disputa sobre la adveración de los hechos se enfrascaron distinguidos historiadores impugnando la labor de aquellos decididos a novelarla, a convertirla en panegírico de tal o cual personaje. La cuestión plantea separar la literatura, toda creación, de labores vinculadas a la ciencia, en tanto epistemología, y la ética, en tanto verdad.  

Polibio (200-118 AC) ya abogaba por el tratamiento minucioso de las fuentes y aportó al método investigativo la validación de lugares y documentos. Cuestionó acremente de Filarco haber abordado la historiografía con sensiblería, apelar al efectismo para captar lectores a cualquier precio. Al cuestionamiento de tratar la historia como texto trágico se sumó Luciano de Samósata. En “De historia conscribenda” endosó furibunda condena contra los fabuladores de la antigüedad que registraban “muchas falsedades monstruosas e intolerables”. Se trate de Ctesias o del divino Heródoto, los ve, Dante en los infiernos, colgados de sus partes pudendas, padeciendo inefable tortura.

A pesar de las objeciones, relatar vidas heroicas ha gozado de buena salud. La Italia renacentista aportó sensibilidad artística, extendió la paleta del mérito afuera del perímetro reducido del poder e introdujo el estudio minucioso de la personalidad. Basada en los rasgos físicos, cotidianos y algún recurrente error de interpretación seudocientífica, legó la biografía como expresión de la vigorosa valoración del individuo, opuesta a la identidad mimetizada y comunitaria del siervo medieval.

Pero con el advenimiento de las revoluciones, el historicismo atribuyó otras causas al desarrollo del hombre, desplazando el eje y el protagonismo hacia las masas.

Como adalid de la corriente individualista destacó Thomas Carlyle que intentó sistematizar su propuesta de “culto a los héroes”. El héroe que propone Carlyle determina la historia; la realización física de sus pensamientos permite el progreso humano y el culto debido retribuye su grandeza, ritual religioso por el cual la sociedad reconoce la fortuna de contar con estos seres predestinados, que aparecen en una época y lugar por designio providencial. Si “la historia del mundo no es sino la biografía de los grandes hombres”, estos deben cumplir dos premisas: ser sinceros y estar dispuestos al heroísmo. Entiéndase por sinceridad la aptitud para hacer una cosa considerada “con toda seriedad”, y por heroísmo, el don excepcional de mirar a través de la apariencia de las cosas, dentro de ellas. Razones místicas y subjetivas que tienden a deflagrar en contradicciones.

Prosigue sugiriendo una democracia como forma inevitable de gobierno, pero democracia sui generis de esta nación imaginaria donde los individuos deben “subordinarse y lealmente someterse” al caudillo, hallando complacencia en hacerlo. En desenfrenado vuelapluma, encomienda como tarea cívica salir en busca de ese “hombre capaz”, elevarle a la dignidad suprema y reverenciarle: así habremos encontrado el gobierno perfecto. Llegado al punto, han de desecharse las urnas, los debates parlamentarios; han de cancelarse las constituciones y otros mecanismos por el estilo “que no mejorarán al gobierno ni  un ápice”.

La obra de Carlyle ha sido prácticamente descartada y reducida al escolio de cierto culteranismo. Sus tesis de progreso anulan la premisa y bocetan los peores tiranos del siglo XX. Aquellos que condujeron el holocausto, los pogroms y las muertes industriales en cámaras de gas, gulags e inocentes plantaciones de arroz. De la culta Europa a la indescifrable Rusia, pasando por los campos de Indonesia y las sabanas de África. Un viento perverso los trajo al istmo americano donde se reprodujo en dinastías vergonzantes y, montado en esa ola, inficionó con la receta del Socialismo del Siglo XXI nuestra reciente historia.

Esta perfecta sociedad desvalida que teme de su libertad fue retratada, a contramano de su propósito por nuestro autor. Quizá debamos revivirlo hasta comprender que aun en la contradicción hay teorías que pronostican con claridad el triste destino de quienes esperan del “gran hombre” la solución de sus angustias. Debemos enseñar a los hijos que de manos de un dictador jamás surge la democracia; que los supuestos héroes degeneran en tiranos, sin ambigüedad ni intermediario.

Ímproba tarea desarraigar la persistente emulación de Sansones, Heracles y todo tipo de embelecos nutridos del mito. Los supermanes que echarán a su espalda estado, finanzas, prestaciones sociales y catapultarán el progreso, no existen ni existieron nunca. Desaparecen con la propaganda que los infla, dejando indefectiblemente el gusto acibarado de la frustración.

Sin trabajar sobre las carencias educativas, sin políticas de estado ni acuerdos nacionales, sin participación real de la ciudadanía, seremos necias víctimas del timo electoral. Sin educación en democracia, es fervor innecesario cantar el himno o sacar banderas.

Estudian emplazar estatua de Superman en Cleveland 90092e8218368fdd96061f82dc9adc1f

Los verdaderos héroes no tienen poder; llevan el pan a casa o a la casa de todos una sonrisa. Reivindican a la humanidad con su solidaridad, su desprendimiento, su gracia. No identificar el verdadero heroísmo conduce al ridículo de la ciudad de Cleveland que, ahora mismo, en orfandad del héroe, erige estatua a uno de ficción.

 

 

¹En  https://teladeduda.wordpress.com/2015/12/16/dos-manuelas-distintas/ descalificamos a Manuela Sáenz en esta materia. No conocíamos los Diarios aun. Acéptese nuestras disculpas.

 

EN LA BARRANCA HACIA GUATE-PEOR

Delenda est Cartago

Catón

4 Febrero 2018

El 24 de Abril de 1998 la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala daba a conocer al mundo los horrísonos detalles del informe REMHI (Recuperación de la Memoria Histórica) que contenía en sus cuatro volúmenes y 1.500 páginas los detalles inhumanos, los excesos desquiciados del ejército, desbocado en una represión mesiánica de atroces connotaciones en los años precedentes, y en particular del período 1982-83 presidido por Efraín Ríos Montt.

Dos días después, en el garaje de su residencia, moría acribillado el presidente de la comisión, el obispo Juan Gerardi, ante el estupor del mundo. Su cuerpo aovillado en el interior del vehículo, testificaba la violencia de una sociedad descontrolada, secuestrada por tenebrosos intereses. Gerardi, víctima y héroe de su convicción por la reconciliación y la paz, moría por la saña del verdugo que advertía en sus actos como estaba dispuesto a imponer su código criminal.

Pero también fueron evidentes el corto vuelo de las leyes, el limitado alcance del brazo ejecutor, la insuficiencia del estado para mantener la paz, sellada apenas hace dos años luego de treinta de guerra civil. Ante la necesidad de contar con la validación incontestable del informe REMHI, las Naciones Unidas apoyaron la creación de la Comisión de Esclarecimiento Histórico que, al año siguiente, entregaba la ampliación de lo recopilado por el prelado en doce tomos, documento escalofriante de barbarie y brutalidad. Desde entonces, Guatemala ha contado con la ONU como el mayor aliado de sus esfuerzos por construir institucionalidad y, sobre todo, de preservar a esas instituciones de la vileza de quienes, enquistados en el poder, las manipulan en su favor.

Sumados en esta corriente, fincados en el promisor expediente de combatir el orgánico funcionamiento de las redes de corrupción en las altas esferas del estado, de extender a todos los órdenes públicos una ola de renovación, atravesó Latinoamérica la multiplicación de entidades paralelas. Recibimos  asesoría de la ONU para reconstruir la justicia, desmantelada por el triste episodio que conocerá la historia como la “Pichi Corte”, atropello perpetrado por el temerario coronel Gutiérrez, demócrata de jaculatorias. Y surgió la Comisión Cívica de lucha Contra la Corrupción, CCCC, presidida por el Dr. Ramiro Larrea, cuyas actuaciones no desconocieron buena voluntad, entusiasmo ciudadano y jerarquía en quienes la conformaron, pero también limitaciones de todo orden. Nunca pasó de ser la CCCC un tribunal de cuentas cuyos pronunciamientos y dictámenes no tenían eco ni del chapa de la esquina.

La carencia de organicidad de la institución, abocada a convertirse en Pepe Grillo de la sociedad, fue advertida por quienes promovieron en la constitución de Montecristi una nueva, orgánicamente imbricada en la institucionalidad del país. Capaz de generar dictámenes vinculantes, con peso jurídico y poder sancionador.

La criatura resultó un monstruo, Frankenstein contrahecho de ADN gobiernista, carente de independencia y con atribuciones nominativas de los estamentos controladores, previa la venia de la corte y el beneplácito del monarca. A la cuestionada investidura, sin transparencia, cuando no titubeante, se suman dos elementos que desdijeron sus ejecutorias: ninguna rendición de cuentas, ninguna representatividad. El mamotreto de la CPCCS no es producto del voto y mal ha designado, como es evidente, quienes presidan Contraloría, Fiscalía y Corte Constitucional, amparando el delito y facilitando el encubrimiento de los delincuentes.

A la falta de atribuciones de la CCCC ciudadana, el correato opuso la CPCCS sin independencia ni responsabilidades.

El correato falaz encubre sus viles propósitos de perpetuar ese estercolero corrompido y corruptor con el estribillo de la traición (sus conflictos personales), la estabilidad institucional (la del delito, no se vislumbra otra) y la arremetida de la derecha. Examinemos las razones de su menguada inteligencia.

Estas instituciones creadas a partir del resquebrajamiento del estado han tenido por consecuencia impredecible generar desconfianza en la ciudadanía. Los partidos, la clase política y los referentes del derecho, la justicia o el gobierno, cuando no dos, todos ellos, están erosionados por el desprestigio. Allí concuerda el correato puesto que su camino al poder estuvo signado de igual catecismo.

Su origen proviene de esas circunstancias, pero en la confusión de las lenguas, aquello que surgió como solución padece descomposición, con el agravante de que sus miembros son cómplices de la debacle de los entes de control.

Freedom House

Al perder su respetabilidad, pierde la democracia. Para 2014, en Guatemala, un estudio de LAPOP para la Universidad de Vanderbilt estimó que sólo el 44% de la población entendía que el gobierno respetaba sus derechos básicos¹. La democracia, según Freedom House² y otros analistas independientes, retrocede en el mundo.

Nuestras comunidades se muestran incapaces de acceder a la toma de decisiones, movilizarse políticamente, presentar reformas y participar desde la organización partidista³. La lucha contra la corrupción o la reestructuración de la judicatura, han producido un estereotipo de sociedad donde todo conflicto se solucionaría al conjuro de quienes han sido designados para resolver éstos en particular. Peligrosa sustitución de la participación ciudadana que en nada resuelve la acción pública sino la deforma, acción donde la CCPCS tuvo nefasto protagonismo.

Conservar esta estrambótica y fracasada CPCCS es suicida. Ella no proveerá prestigio al quehacer político. Lo erosionará para ejercer un sectarismo de favores, amaños y silencios indeseables. Votar SI o votar NO es indistinto: el maquillaje de los nombres no embellece al cerdo. No plantea soluciones, agrava el problema.     

“Los una vez celebrados reformadores de la lucha contra la corrupción- dice Christian Sabattini³ refiriéndose entre otros casos al del Ecuador- y sus supuestos esfuerzos para limpiar el sistema, encallaron en los escollos de la concusión o el clientelismo, donde más de uno de los adalides se convirtió a la corrupción y la autocracia.”

Para el Ecuador, lo importante es que la CPCCS desaparezca.   

 

¹https://www.worldpoliticsreview.com/articles/23082/guatemala-s-anti-corruption-drive-ousted-one-president-can-it-take-down-another

²https://freedomhouse.org/sites/default/files/FH_FITW_Report_2018_Final_SinglePage.pdf

³https://theglobalamericans.org/2018/01/weaponization-corruption-real-risks/

SINO TODO LO CONTRARIO

15 Enero 2018

Etiam si omnes, ego non

San Mateo 26: 33

Arrancó la campaña del referéndum y los agentes políticos, sus pechos en férvido grito, van llenando las aposentadurías de la palestra política con las vacuidades propias de la temporada. Se estila el discurso radical y vehemente, cargado de tópicos, porque tópicas son las arengas que pregonan del cuestionario planteado por el ejecutivo otra cosa que no distinga la salvación de la Patria de su hundimiento en los tráfagos procelosos de la ignominia. Y, respondiendo a este planteamiento, hemos de votar siete veces “SI” o siete veces “NO”, según sea la identidad que tome el votante con los dos excluyentes personajes que la disputan.

Discrepemos pues. En la matriz de las ambiciones políticas, el fundamentalismo correista, con el olfato apetente de diez años en el ejercicio de la cosa pública, afinado en percibir las oportunidades de lucro pecuniario y rédito político, se empeña en esparcir el virus de su enésima victoria electoral al calor de una, cualquiera, de las siete preguntas que resultasen negativas. Falso triunfo a sabiendas, pues el único empeño cierto busca impedir la supresión de la reelección indefinida, El restante cuestionario, embutiendo sin disimulo la pírrica apuesta de al menos alcanzar una negativa que le favorezca, le importa un comino.

Campañero, apela a la rancia fotonovela de conmiseración y apuesta a rezagos de prestigio ideológico. Al mensaje salvífico de su caudillo le renguean las verdades a medias que percibe el elector. Moneda falsa acuñada en sabáticas pleitesías, aconteció con ellas, una vez extinguidas, lo que la rabia con en el perro. Hoy, las ciudades que reciben su exigua caravana, toda escuchimizada en ausencia del caudal que aportaban los buses pagados y la concurrencia aupada por la recompensa sanduchera, presencian una calle que lo señala como causante de la postración del país.

En otro tono canta ese gallo cuando, de súbito, ha perdido la prepotencia y escucha imprecaciones de transeúntes e, impotente, posterga sus otrora fulminantes detonaciones. Sin los recursos fiscales que le permitían girar en cuenta abierta, desprovisto de instrumentos de acallamiento para saturar los espacios de comunicación con su sola imagen. Lamenta los espacios que restringen su palabra al tiempo fijado por los directores del medio. Ha debido incluso escuchar algún término descomedido con indisimulada sonrisa de humillación. Correa resiente haber dejado la presidencia y se incordia en condición de ciudadano.

Pasar por perseguido habrá de reportarle mejores réditos. Para lamento de sus seguidores, Fiscalía lo encausó por manejos dolosos de la deuda pública, expediente de que lucró políticamente en su momento. Haberla escamoteado al escrutinio público configura delito y anuncia ser la primera de las causas a que queda expuesto. Argumento que no se detiene allí porque los rescatistas de El Telégrafo, vieja trompeta de desafueros, han podado la enredadera de sus corifeos. Han separado zafios amaestrados en el oficio del güiñachishca, aunque entre ellos se contara el historiador económico Juan Paz y Miño.

Este, teórico del supuesto “golpe de estado del 30S”, se cuenta entre los feligreses del correato, razón insuficiente para su defenestración. Los nuevos amos del medio público resbalan malamente en el ajuste de cuentas al clausurar una voz lúcida, por excepción, del anterior oficialismo. La impugnación se dio de bruces con los reclamos de otros periodistas que perdieron allí su espacio. Tal el caso de Mónica Mancero que recordó los términos desfachatados de su censura y consecuente desafectación. 

De su parte, el oficialismo padece el vicio de la truculencia. Las preguntas tienen el intencionado propósito de bañarlo en multitudes; ha rellenado de preguntas que no debieran formar parte de este referéndum.

Las dos encasilladas como “Consulta” son inoficiosas y debió asumirlas el gobierno como reafirmación de legitimidad. Esta incertidumbre, parece, merodeaba la tienda gubernamental. Sancionar a favor de las restricciones en el Yasuní a la prospección y explotación petrolera o suprimir la agobiante “ley de plusvalía” son dos perogrulladas. Nos preguntamos por qué no las resolvió directamente. Por qué no redujo el área de explotación a 300 hectáreas o, de una vez, a ninguna, demostrando voluntad política. Por qué sigue sometida la construcción a una lenta agonía: es el único de los Sectores Económicos que no se recuperó este año. Once meses de decrecimiento consecutivo en el PIB, parálisis en el 40% de las obras, secuela de desempleo, caída del 8.5% para el último semestre de 2017,… ¿Por qué, en temas administrativos, del fuero presidencial, se transfiere la decisión a los vericuetos de la negociación y la tortuosa validación en la Asamblea, cuando bien pudo resolverlo de inmediato?  

Sobre las preguntas 6 y 7, queda la interrogante de si Correa y los suyos están en  contra, por abyecta que sea su oposición a Moreno, de negar la imprescriptibilidad de los delitos sexuales cometidos contra un menor. ¿Saben leer? Otro tanto con los derechos de los pueblos a exigir que el medio ambiente donde aposentan sus hogares, o las zonas intangibles, o las zonas protegidas, se vean libres de la minería metálica, tóxica y contaminante. ¿Qué sagrado derecho, superior al de su reelección indefinida, conoce Correa?

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La primera pregunta merece una rotunda negativa. La doctrina del derecho, desde Beccaria en adelante, predica la proporcionalidad de las penas y la ineficacia al abundar en ellas. Deploramos la corrupción y el saqueo de los fondos públicos, exigimos de los funcionarios el escrúpulo mínimo, pero véase el florecimiento del narcotráfico frente al endurecimiento penal. El Ecuador precisa eliminar la lenidad de la acción judicial; esto es, terminar con la impunidad. Legíslese para recuperar el atraco a los bienes públicos. Pero la amenaza contenida en el inciso es asimilable a la barbarie de la amputación de manos que propuso Espinel cuando candidato. Alejará del ejercicio público a buenos ciudadanos, temerosos de la retaliación política, y escribiremos la saga de repúblicos en el exilio, en contra del propósito. Se logrará que sean los conectados de siempre quienes aspiren a la función pública y perennicen en ella la truculencia de su accionar. Mientras, los encubrimientos de jueces venales seguirán franqueado las puertas a más corrupción.

La supresión del actual CPCCS es clamor nacional. La entidad es un mamotreto, un adefesio ligado a toda la corrupción de la pasada década. Debe responder por los Pólit, Chiriboga, Pazmiño, y tantos nombres que configuraron un entramado delictual, vuelto brazo expeditivo de las felonías de Carondelet. En algo tiene razón el expresidente: eliminar una instancia del estado para, a dedo, designar otros que la integren, es un atentado a la constitución y reúne los visos de “golpe de estado”. ¿Advierte su vergüenza ante la historia al haber perpetrado la “metida de mano a la justicia” aupado por el contubernio y la inoperancia de esa misma entidad? Lo burdo es que después de contradicción tan flagrante, tenga la desfachatez de autonombrarse “reserva moral” del Ecuador.

Y queda pendiente saber, en este reencauchado del correato, si serán tomados en cuenta los reciclados de la burocracia anterior: la terna vicepresidencial dejó al descubierto su carencia de cuadros. ¿Cómo escogerá Moreno a los ungidos? Esta es pregunta que merece un voto nulo; debió ponerse a consideración la desaparición del CPCCS, devolviendo al Congreso la calidad nominadora. Si tiene validez modificar la constitución mediante referéndum, era preciso establecer estos términos. Para tener más de lo mismo, apoyar la propuesta presidencial es ahorrar en saco roto.

Suprimir la reelección es primordial. Hay que echar al basurero de la historia el último de los caudillismos que postergan la Patria; pasar la página infame de estos años. Nuestra posición y el análisis del tema se pueden consultar en el enlace de una entrega anterior.¹

Ni Moreno ni Correa sino todo lo contrario: por cada uno de nosotros. El voto debe erigirse en símbolo ciudadano. Requiere la concurrencia de hombres libres e independientes que hayan desenmascarado al gobierno, esa piedra de molino presta a triturar nuestras carnes si no damos al traste con este sistema putrefacto. Perfeccionado en la impunidad, el atraco de los recursos nacionales y el abuso en todo orden de ciudadanía. Reproductor del latrocinio, la coima, el encubrimiento, mientras hacía concesiones a la nación de los recursos que le pertenecen.

Es una ocasión para madurar como nación. Para despertar del letargo de la dádiva y la carretera a las heridas lacerantes del autoritarismo que dejaron una sociedad exánime y confundida. Para recapacitar sobre el autoritarismo, que no se produce si un sujeto autoritario llega al solio presidencial sino cuando una sociedad clama por él a resultas de su abandono, de su desvalimiento. De apocamiento social, factible en escenarios de dominación. Cuando quien manda somete al pueblo e induce mirarnos no sólo débiles sino inválidos e inferiores.

Es la hora para afirmar que eso, se acabó.       

 

¹El sueño de la Corte https://teladeduda.wordpress.com/2015/11/25/el-sueno-de-la-corte/

 

LA NOVELA QUE ESPERAMOS

En épocas de embuste generalizado, decir la verdad viene a ser un acto revolucionario.

George Orwell

Estuvo de visita en el país Javier Cercas, uno de los más destacados “escritores en español”, que no escritor español, como él gusta recalcar en generoso reconocimiento de sus pares hispanohablantes. Huésped tanto de Quito como de Guayaquil, este influyente autor compareció en una librería local bajo el auspicio de su casa editorial.

La velada, tensa y desafiante desde sus inicios, acogió de sus contertulios la propuesta de desentrañar los difusos límites que separan la ficción de la realidad como el tema sobre el cual Cercas desglosaría el entramado de su obra en general y de “El monarca de las sombras” en particular, la más reciente de sus creaciones. Como todo diálogo que se precie de serlo, a las generales de ley y los escarceos iniciales sucedieron las motivaciones íntimas del intelectual que hace periodismo y ha dejado obras, crónicas de este tiempo, con la viva evidencia de sus convicciones, sus motivos para escribir, su concepción de que la novela es tan libre que fagocita el tratado social, la historia y la realidad. Sus relatos tratan de “algo que nos atañe a todos”, justifica, como que la obra literaria y la temática social fueran una al encuentro de otra en noche de amantes furtivos, carenciados y desesperados.

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“Para mí, escribir una novela es formular una pregunta compleja de la manera más compleja posible”, confiesa. La obra, en consecuencia, no será más que la búsqueda de respuestas a esa pregunta, con la sistematicidad del curioso, con la ambición del explorador, con hambre. Respecto de “El monarca…”, tal como lo hizo en “Soldados de Salamina”, el interrogante plantea “Qué hacer con esta herencia, la herencia de la guerra civil española.” ¿Cuál puede ser el propuesto por la novela ecuatoriana que todos estamos esperando?

Quizás sea responder la viciosa enfermedad nacional de recurrir al populismo como los porfiados muñecos de bazar, sin convalecer de ella en las últimas cuatro generaciones. Quizás sea deconstruir los personajes icónicos de la historia, disectarlos en su naturaleza humana y penetrar los motivos de sus actos, el desdoblamiento de conflictivas personalidades, el entorno acosado de limitaciones. En ese campo, la figura preferida ha sido García Moreno, merecedor de sendas obras. Así aparecieron “Sé que vienen a matarme” de Alicia Yánez Cossío y “Expiación” de Juan Ortiz, ambas deleitosas piezas del género de la biografía novelada. El líder referente del conservadorismo ecuatoriano se presta al ensayo por las controvertidas facetas de su vida, por los claroscuros de sus tiránicas decisiones, tanto las de su vida pública como las de la  intimidad. Pero por sobre todo gravita la compulsiva reacción de amor y odio de la bibliografía acuñada en su nombre, pendular entre la denostación y la hagiografía. Talvez sea este género el que fije las pasiones, una vez los extremos de quienes esperan subirlo a los altares como de quieres se prestarían a escoltarlo personalmente al averno, vayan sosegándose y entre en la vulgata su imagen que tuvo de uno y de otros extremos. Apartándolo de la exaltación y la diatriba, de la condena y la patrística.

No es el Ecuador territorio falto de motivos, ni carece de nombres ilustres que han incursionado en el campo de la novela. Si se tratara de evocar el llamado de la tierra, la cantó, insuperable, Luis A Martínez con su abrazo regional en “A la costa”. Hemos tenido categóricas piezas del indigenismo desde la inocentona y mojigata “Cumandá” a la arquetípica “Huasipungo”, la más reputada obra de Jorge Icaza, remolino de prestigio que abdujo la tragedia, la frustración y los aguafuertes maravillosos, tiernos y dolientes de los “Huairapamushcas”, páramo transido en desgarramiento que no tuvo la trascendencia de su hermana mayor.

Y del relato indigenista a la saga del montubio con Demetrio Aguilera Malta como su mayor exponente, no han faltado colores a esta paleta literaria: el costumbrismo, la denuncia; la política… Sin embargo, las letras nacionales no han alcanzado la vara alta que estableció Montalvo en la ensayística y con el orgullo en ristre o al resonar del anatema de Benjamín Carrión, creemos tener derecho a erigir la cima narrativa también en este territorio. Ansiamos nuestro Quijote, cuando no un autor de la talla de Vargas Llosa, García Márquez y Miguel Ángel Asturias.       

Fue grato reconocer la humildad con que comparecieron algunos escritores nacionales (reconocimos a Xavier Vásconez) quienes acudieron a nutrir su experiencia y quehacer con el invitado. Hacemos votos porque de allí surja el drama de las revoluciones del desengaño que sacrifican pueblos tras sus oropeles. Sea que por la ruta de la zanahoria han postergado generaciones con la inútil promesa del hombre nuevo o el bienestar jamás conseguido, sea que según la estratagema del tío rico han prodigado dádivas y expectativas por el tobogán del dispendio, en uno y otro caso conllevan la dictadura y el populismo, el autoritarismo y el atropello, el pan de hoy y la frustración de mañana. Queda la sospecha de poder escribir una epopeya que nuestros pueblos no derrotan aun; si ha de escribirse como un relato de anticipación o poseer el carácter admonitorio de aquello que nos prohibían nuestros mayores y teníamos el deleite de transgredir.    

Nunca más propio llamarlo acto de Salud Pública, es vital mantener estos encuentros que nos acercan al mundo con humildad de peregrinos. La iniciativa no solo es plausible sino enriquecedora.

Cercas es hombre de relato fácil que se lee sin diccionario. Nos simplifica el enigma de determinar el relator porque siempre es Cercas quien cuenta. Como lo dejó dicho, su novela es una novela, la que refiere, dentro de otra novela, la de él procurando escribirla. Ejercicio recomendable su obra, en particular la “Anatomía de un instante” que contiene su profesión de fé democrática, así como el binomio formado por “Soldados de Salamina” y “El monarca de las sombras”, cara y cruz de ese drama de la guerra civil que atormenta España a ochenta años de sufrida su tragedia mayor.

Siempre hay tiempo para regalar (se) un libro.

 

PAIS GALLINA

 

Quis custodet ipsos custodet?

Juvenal

Leo en la vereda del barrio, próximo al parque, un rótulo que reza: “Señor perro; eduque a su amo a recoger sus desechos” y me asaltan dos pensamientos antagónicos, propiamente antitéticos. El primero, que el pintoresco y gracioso latón pintado de verde y con letras blancas obedece al hartazgo de todos aquellos vecinos fastidiados con encontrar en sus veredas y espacios verdes la coprológica muestra de esos extraordinarios animales que acompañan al hombre desde remotos tiempos. Desagradables, asquerosas demostraciones de una comunidad que hizo costumbre pasear sus caniches sin otra restricción que la de su soberana voluntad. Decididos, por sí y ante sí, a conservar sus patios, balcones y jardines recortados, lustrosos, apacibles, mientras endilgan impúdicos los excrementos caninos al espacio público. Carentes de sentido social, llenos de menosprecio por el otro, sin pertenencia ni sentido de identidad.

Lo penoso de tales grupos es la imposibilidad de categorizarlos; con igual desprecio en las vías se arroja cáscaras de frutas desde un bus que de la ventana de un vehículo privado; luego la manida extracción cultural o económica no constituye elemento diferenciador. Ayer Quito reputaba como una ciudad limpia; hoy la suciedad campea. Si unos mismos ciudadanos la habitan antes y después, a lo que añadir la indolencia de la administración ante la invasión del espacio público de taxistas y viandantes, ¿por qué hemos abandonado los previos patrones de comportamiento? Si las malas costumbres se pegan, ¿dónde habita aquel muñeco porfiado e irrespetuoso?

H.D. Disselhoff, el estudioso del incario, al comentar la situación de los aborígenes al advenimiento de la corona hispana, certeramente alude a la destrucción de las estructuras de producción y la adaptación a ellas de la encomienda, usurpando la imbricación a las labores campesinas del indígena, como las raíces de su explotación. Más destructivo fue que aquellos conquistadores desmantelaran una sociedad organizada en los pormenores más nimios e implantaran nociones de derecho y autoridad ininteligibles al abrigo de las indecibles arbitrariedades de una soldadesca cuyos afanes no trascendían el enriquecimiento inmediato. La doctrina cristiana, con tal precedente, “se entendía mal o no se entendía en absoluto”; a lo que agregaremos el silogismo reflejo que otro tanto ocurría con las leyes.

Decíamos del rótulo que sugiere otra contrapuesta reflexión. Quienes lo concibieron están dispuestos a hacer escuchar su voz frente al atropello. Frente a la invasión de un espacio que pertenece a todos y no están dispuestos a admitir lo mancille impúdicamente el arbitrio de quienquiera sean los atrabiliarios.

Las sociedades permisivas asemejan la gallina de la fábula que al  pasear por un prado advirtió unos pintorescos y moteados huevos de serpiente y se dijo: -Pobrecitos, los han abandonado o habrá muerto su madre. Yo seré una para ellos.- Los cubrió con su cuerpo, los calentó con sus plumas y los empolló. Una vez nacieron las culebrillas, ávidas de alimento, mordieron a la gallina y la mataron. La moraleja prescribe observar prudencia con aquellos que procuran nuestro mal.

Latinoamérica reproduce esa inveterada costumbre de empollar los huevos de la serpiente. Reiterar impertinentes la postergación del destino de bienestar invocado desde su naturaleza pródiga, condenando multitudes a la inequidad, la ignorancia y la pobreza. Empezando con cosas chiquitas y continuando con las grandes, en espiral embriagadora que obnubila el cuerpo social con la destructora fuerza centrífuga de una desbocada calesita, a grupas del mismo maltrecho caballo de palo, marchando en el puesto, desplazándose en círculos sin avanzar.

Se reproducen tendencias suicidas; explíquese sino la renuncia a los derechos individuales del nefasto referéndum autorizando “meter la mano en la justicia por una sola vez”, a sabiendas que esa licencia hace parte de una ruta sin retorno; que una república que transfiere sus derechos se convierte en satrapía. En despotismo, dónde los derechos transferidos al predestinado jamás son devueltos. Quien metió la mano es pederasta nunca satisfecho con introducir la mano nada más ni hacerlo una vez. El burlador envilecido, refocilado en el crimen, ahíto en reiterar el vicio ruin ad infinitum. Del mismo modo abrieron las puertas de la contratación pública bajo el “régimen de emergencia”. Quienes lo advirtieron fueron desoídos, escarmentados, proscritos. Fueron desdeñadas las admoniciones, avizoras de aquella fuente de futuras y grandes defraudaciones a la caja fiscal. Los convirtieron en la “antipatria”. Ese es Rafael Correa. Con estulticia, el golpista mereció indulto del Congreso. Su lugar en la cárcel sustituido por la tarima, la ergástula por la amnistía, el traje a rayas por la banda presidencial. Y gobernó quién destruyó la democracia envileciendo la espada que le otorgó la nación; no otro es el coronel  Gutiérrez.  

Guatemala represión

Advirtamos el ejemplo que ofrece Guatemala. Tan larga como su guerra civil, ha sido su lucha por devolver a esa bendita tierra un mínimo de institucionalidad. Guatemala, del náhuatl Quauhtlemallan, “tierra poblada de muchos árboles y bosques”, llamada a ser el país de la abundancia, lo es de la postergación. La segunda nación más pobre de América, luego de Haití; con los peores índices de desnutrición, luego de la triste república francófona.

En 1982, un golpe militar presidido por el coronel Efraín Ríos Montt, encabeza la nación que produjo el notable Popol Vuh y acunó la cultura maya. Aupado por la CIA de Reagan, empeñada en cercenar la epidémica contaminación del triunfante sandinismo, comandó la represión macabra de quien alucina con la predestinación de la providencia.

Con el pretexto de luchar contra el comunismo, este genocida comparable a los criminales del Cono Sur desató una persecución  fratricida convencido de llevar adelante una cruzada por la cristiandad. En su perturbada estrategia, personificó su anticomunismo en las etnias quichés acosándolas con saña: las masacres entre la parcialidad Ixil tuvieron una crueldad sin nombre, de cotas esquizofrénicas. Él mismo erigido en líder de la pentecostal Iglesia del Verbo, como primer líder protestante de América Latina, creyose portador de la flama de modernidad que Max Weber encontraba en los seguidores de la Reforma. Sus tropas quemaron villas indígenas con seres indefensos dentro de las chozas, despanzurró mujeres embarazadas, las violaron en grupo, entre otros horrores profusamente documentados. Una vez depuesto, negó los crímenes, se refugió en la inmunidad parlamentaria y bajo miserables argucias, retrasó los juicios que interpusieron ONGs, comunidades y personas.

Monumento al tesón, treinta años después los tribunales sentenciaron a “Ríos de Sangre Montt”, apelativo que se ganó el genocida. Las numerosas pruebas aportadas por fiscalía culminaron en una condena a ochenta años. Mas, cuando las palmadas de felicitación entre las víctimas aun abrigaban, cuando el veredicto histórico estaba llamado a poner fin a la impunidad, ¡a diez días de la sentencia!, el caso fue anulado y el reo sobreseído.

Al crearse la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, en 2007, con el doble objetivo de luchar contra el crimen organizado y estos de lesa humanidad, restituyendo la independencia del ente jurisdiccional, no habrán imaginado tanto revés. Proveer a esa nación,  que orilla la condición de estado fallido, del órgano que diferencie el delito y el estado ha resultado tarea ímproba que continúa en construcción.

Así se puede perder una nación. Cuán difícil devolver sus atribuciones a los jueces o castigar a los impunes que atrincherados nos empobrecen a todos. ¡Qué difícil es ponerle el cascabel al gato!

 Moraleja: aprendamos a poner la caca en su lugar…  

ESPEJISMO DE LA DEMOCRACIA

Puede el malhechor esconderse, pero no la confianza que pone en permanecer escondido

Epicuro

El padre del olimpismo moderno, el barón Pierre de Coubertin, bregó con tenacidad durante años hasta convertir ese sueño romántico y loco de la unicidad de los seres humanos en una realidad. En los detalles finales de la cita ecuménica, escogidas las disciplinas que habrían de devolver al mundo el prístino carácter lúdico de los encuentros deportivos, reconstruyó con métrica moderna los registros y anales de las distintas disciplinas, decidió suprimir unas e incorporó otras, a fin de emular las divinas competencias de la Hélade clásica.

Coubertin y sus asistentes concibieron como broche de oro del evento la carrera de 42,195 Km. pero sostuvieron un intenso debate para nominarla. Era deseo del barón que la competencia llevase el nombre del “hemeródromo” que cubrió la distancia desde el sitio de la batalla hasta la ciudad de Atenas, quien según el mito difundido por Plutarco habría muerto al cabo de la distancia cubierta al dar la buena nueva de la victoria. Las inflexiones de su nombre, Filípides, conspiraron con el propósito y la que hubiera sido la “filipidesia” o la “filipeidia” cedió al topónimo con que perdura. Maratón invoca la batalla que contuvo el avance persa cuanto la gesta múltiple de atletas de largo aliento que han satisfecho la reina de las pruebas. Simboliza el esfuerzo, la tenacidad y superación por antonomasia, alardes del atleta al superar los umbrales del dolor. De extremos límites que sumergen al ser humano en su tesón a pesar de la fatiga, de heridas o laceraciones.

La importancia de Maratón estriba en su resonancia política; ha sido refrendado como parte aguas de la historia. Como el día que venció occidente al “bárbaro”, la democracia al despotismo; la libertad a la opresión. Quizás a ello se debiese la resistencia de Coubertin que en su espíritu anfictiónico haría votos por desvanecer entre sus pares cualquier indicio de esa superioridad tan europea, y repugnante, entre los alucinantes fastos del imperialismo en su apogeo, que arramblaba naciones, razas e identidades.  

Clarinadas como la de Maratón resuenan esporádicamente. Hito a la par del surgimiento del cristianismo, el descubrimiento de América o la revolución francesa. Luces en la noche del tiempo con su estela luminosa de humanidad.

La derrota persa fue el primer peldaño hacia la hegemonía ateniense, pues que victoria toda suya en ausencia de la milicia espartana, y a la consumación del arte clásico en su esplendor. Los hechos de aquel día tuvieron resonancia en otros órdenes y singularmente en la acrópolis y su monumental conjunto arquitectónico. Luego de Salamina, cuando Pericles convocó la Liga Delio- ática, lo hizo con la excusa de reconstruir los templos. De proveer defensa y protección a los aliados, pero sobre todo de reafirmar la pertenencia de la población, erigiendo una casa nueva a su patrona, no sólo con decoro sino con magnificencia.

El templo conlleva esa síntesis de concurrencia sinérgica entre la población, beneficiaria del imperio que se ofrece a su primacía universal, y su protectora, cuyo patrocinio lo procura. Las victorias militares plasmaron en el arte la interpretación de haberlas logrado merced al espíritu inducido por Atenea: la democracia, la libertad, el talento se habían impuesto al número, al despotismo,  a la transacción innoble de las cadenas y el consecuente sometimiento.

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La procesión de las panateneas en el friso  del Partenón ilustra la marcha de ofertorio que celebraba la ciudad cada cuatro años, conducida con el honor y dignidad del ciudadano libre. Las estatuas armígeras de Atenea simbolizan la tradición homérica de la diosa involucrada en el combate, pero los elementos que la complementan son los dones reales que aprovechan a la ciudad.

En el meticuloso estudio de Bowra¹, la Atenea virgen representa seguridad y dominio de sí; independencia al tomar decisiones, continencia. Vence a los persas al discernir la estrategia adecuada; escoge el momento propicio para batirse. Fidias recreó las potestades de la diosa en una estatua criselefantina de múltiples trascendencias: la mostraba custodiando la égida, el escudo que a su vez portaba la cabeza de la temible medusa, como cúspide de prudencia. Atenas hizo de su democracia el cultivo de todas esas virtudes; fusionó en la imagen la visión de sí misma. Por último, portando en su mano la Victoria, parece ofrecerla a los devotos como recompensa a la práctica extensa de ese comportamiento, que se resumía desde antaño en una simple premisa: guardar las leyes.

“Los hombres ilustran el don especial de Atenea de inspirar el esfuerzo y el combate a través  de la inteligencia y la dignidad”, comenta Bowra.

Vuelo corto en términos de historia, 120 años después la demagogia hacía presa de la ciudad de la acrópolis en la persona de un cacaseno enfermo de lagotería. Estratocles, quien no reparaba en mostrarse servil ante el ocupante macedonio, ordenaba la repartición de carne y disponía fiestas para saludar la victoria por la flota partida hacia Amorgos: “…adelantándose a los que traían la noticia, pasó coronado el Cerámico, y anunciando que habían vencido, propuso que se hiciera el sacrificio acostumbrado”, dice el historiador. ¡Cuál no sería el desencanto al recibir el Pireo los despojos de la expedición!

Tan insolente era su arrogancia, sentencia Plutarco, que ante las increpaciones respondiera: “¿Qué hay de malo en que hayáis tenido dos días alegres?”.

El Ecuador ha tomado cuatro meses para generar la nueva percepción oficial de los hechos. La hace un gobierno nacido de la misma matriz corrupta que durante diez años dijo “devolvernos la Patria” y haber, entre otras falacias, universalizado los derechos humanos, alcanzado la excelencia educativa, devuelto la equidad a la justicia y, desencanto mayor, conducido los recursos públicos con escrupulosidad.

Estamos llamados a evitar la ilusoria excelsitud de las virtudes cívicas, la recurrente idealización de la democracia dorada de Atenas. Las nuestras llevan un mismo nombre pero, herederas del tiempo, son más complejas; integran pueblos y nacionalidades, han ampliado exponencialmente la ciudadanía, se sustentan en corpus legales con tradiciones disímiles y extensas, se empeñan en la universalidad, etc.

Como creación humana, será efímera si no se le entrega trabajo y fugaz si no se cultiva hasta nivel de arte. Estas democracias modernas requieren con apremio líderes idóneos. Ciudadanos que hayan hecho del ejercicio cívico un antecedente de vida, no arribistas enajenados que desde la penumbra de un altillo distorsionan hechos, historia y, altisonantes, justifican sus desmanes con cualquier paparruchada. Líderes que sepan llamar al pan, pan, y no den cabida al delito con pretexto de revolución o lo apañen con lábiles eufemismos. Que cuando hablen del perjuicio al erario, instruyan a las generaciones venideras asumiendo sus responsabilidades, porque una coima será un perjuicio siempre.

Líderes que digan la verdad, contenida en la sabiduría bíblica y aborigen que condena su contrario: “No mentirás”. Y la practiquen sin recurrir al espejismo que maquilla la propaganda y sofoca el poder.

      

¹Bowra, C. M.; La Atenas de Pericles; Alianza Editorial; pág. 102 y ss.

 

PINCHAZO INMOBILIARIO

No hay naciones ni países; son sólo abstracciones. Sólo el individuo existe

Jorge Luis Borges

Las lecciones de hace nueve años, que produjeron las más reciente crisis global, dejaron una secuela de alertas tempranas que posicionó el tema inmobiliario en boca de la población. Hablar de “burbuja inmobiliaria” ha sido tópico de la palestra mediática que trató en sus planas la demanda social entre el autorizado criterio profesional y las especulaciones poco informadas, algunas abiertamente ignorantes, de un conglomerado no carente de interés pero vano en el análisis y fatuo a la hora de sacar conclusiones.

Por el lado del oficialismo, las doctas titulaciones de la alta nomenclatura sucumbieron con la misma estulticia en el argumento estrafalario a fin de justificar, sea el despropósito de la inversión, sea el sobreprecio de terrenos y edificaciones o bien la desmesura en arrendamiento de inmuebles de la cuenta de “Favores por Pagar”, cubiertos durante estos años a costa de los dineros públicos.

Pomposamente llamada por la acuciosa inventiva de los asambleístas a controlar la especulación del suelo, con la candidez de quien instala una horca y avizora la desaparición del crimen en este siglo vertiginoso, la “ley de plusvalía”, por precipitación revolucionaria, estranguló a la víctima. Una balante Asamblea, obediente a la voz del amo y los dictados de la esclerótica izquierda castrista, dio paso a lo que ha significado para el sector constructivo un tiro de gracia. Como el castizo aforismo se empeña en recordar, este perro de hortelano en que se convirtió el estado, no come ni deja comer; los resultados económicos muestran una ofensiva contundencia.

La pregunta a contestar es si el Ecuador vivía una burbuja inmobiliaria para conceder si, falta de minucia, al menos la legislatura obró con presteza.

Dos alarmas tempranas alertan por la situación de Canadá y Australia. En Canadá aparecieron indicadores  anormales en la actividad inmobiliaria, divergentes del registro histórico. El endeudamiento de las familias trepó para 2017 al 170% del ingreso familiar neto; los precios de las viviendas incrementaron, entre Abril de 2016-17, en un 20%, el más alto entre los países grandes. La rentabilidad de los arriendos en ciudades como Toronto y Vancouver, las más sensibilizadas por esta eclosión inmobiliaria, superan el costo de los préstamos para adquirirlas, si bien cabe agregar que las tasas de los mismos se hallan a su menor registro histórico.

El Bank of Canadá afirma que este comportamiento obedece a la percepción de que la vivienda seguirá subiendo y el ciudadano asegura su dinero alentado por esta expectativa.

Aquí la primera diferencia de concepto frente a esta industria: la vivienda es indicador de movilidad social, mientras el correato se empeñó en encasillarla como índice delictivo. En sociedades abiertas la primera vivienda es causal de ahorro y proyección. Será venderla el apalancamiento para una de más ambientes y prestaciones, escalón que permite acrecer el patrimonio personal y ascender socialmente.

No lo entienden así los autores de la ley; para ellos significa agio, sin más. Desconocen al mayor especulador del suelo: el Estado. Sin vuelvaluegos. Desenfocado en sus tareas, acometió en esos mamotretos “administrativos” donde avergüenza, no el haberlas inundado a días de inauguradas, cuanto saber que el costo duplica al de cualquier constructor local, o que se han embutido en ellos dependencias… ¡cuya matriz está a dos cuadras y de cuya idoneidad se vanagloriaban!

Edificio Petroecuador

Menos del conocimiento público quizás, empresas como Petroecuador “irrumpieron” en la iniciativa inmobiliaria por cuenta propia. Esmeraldas luce en el malecón un ostentoso Edificio Matriz con alusiones arquitectónicas a un bajel. Pero no sólo el edificio sino también el resto del malecón se beneficiaron de la inversión estatal. ¡Y qué beneficio! Se construyó en el extremo norte un parador turístico llamado a ofrecer un nuevo polo de servicios. Sustituyeron los modestos barracones por un pabellón e invitaron a los concesionarios a reintegrarse al espacio. El precio resultaba impagable, nos dice don Omar, ganador de reconocimientos culinarios por su peculiar “zumacao”. Entonces la propuesta fue arrendarle el espacio. Otro valor prohibitivo. La respuesta de Merizalde, Gerente de Petroecuador a la sazón, conllevaba la arrogancia de quien arregla la vida del prójimo desde la “Tablet”: “Ponga el ceviche a U$20”. (foto)

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Esta visión conlleva la condena a la propiedad privada per se. Bajo su manto la Cuba castrista y la Rusia soviética postergaron, la primera hasta nuestros días y la otra hasta su derrumbamiento, los beneficios de la llamada “industria del bienestar”. A través de esa lente, la vivienda es una especie que no requiere expansión sino una suerte de “redistribución” y “control”. En la URSS¹, para 1960, en el gobierno de Kruschev, los soviéticos empezaron a migrar desde los departamentos comunales, las “kommunalkas”, y pudieron contar con cocinas propias en las que “criticar al poder sin temor, porque a nuestras cocinas sólo accedían los nuestros”: ¡43 años después la revolución roja atendía, por vez primera, la necesidad de vivienda individual! Casi dos generaciones habían pasado hasta la graciosa concesión que intentó proveer masivamente a todo un pueblo de vivienda familiar. Departamentos en serie, repetidos ad infinitum, de cincuenta y siete metros cuadrados, aparecieron por todas las repúblicas soviéticas.

Ese patrón fue todo el albergue a disposición del pueblo hasta la debacle. En Cuba, la receta de colectivización sigue vigente. La propaganda no ha podido ocultar los tugurios que surgen como esporas y las carencias de edificaciones, envejecidas y desvencijadas, que cobijan a la población. Lo que a Cuba no ha redimido en cincuenta y ocho años, compró el Ecuador como solución: la doctrina. Dogmas según los cuales plusvalía equivale a despojo, propiedad a capitalismo, ganancia a explotación y como tales merecen ser reprimidas, asfixiadas, estatizadas… Allí reposa el fundamento de la ley, disfrazada de medida fiscal. Insostenible a la luz de las recaudaciones que, sólo en el DM de Quito, cayeron en 5 millones de dólares respecto del año anterior.

La burbuja australiana tiene otras peculiaridades: préstamos dirigidos y exenciones tributarias alentaron la expansión y preocupan a sus autoridades. Preocupación por la laxitud de los estímulos preferenciales para nuevos adquirientes  que, en su boyante economía, ha resultado en casas abandonadas una vez se adquieren las nuevas. Comparten con Canadá la inquietud por la relación entre ingresos y riesgos bancarios de un mercado que toma distancias de comportamientos sanos. Melbourne y Sydney, dónde los precios de vivienda más crecieron, se alejan del salario promedio; estos lo hacen a una fracción del requerido para sostener los precios inmobiliarios, incrementando la participación del endeudamiento como componente del  valor final.

La industria constructora australiana sigue apostando al sector donde la oferta afronta un déficit que para 2015, solo en Sydney, era de 50.000 unidades; Ecuador tiene una brecha de 1’700.000, con economía ralentizada. Para paliarla debieron estimar los planificadores la exposición al juego del ratón y el gato, dónde perseguir la ansiada vivienda estaría siempre al acecho de precios en alza. Que debía generarse una inflación por demanda, distinta a una burbuja.

Demanda surgida al soplo de olas de estabilidad, en Australia y Canadá la presión en el segmento de altos ingresos tiene signo extranjero. Los nuevos magnates chinos procuran hacerse de activos seguros, con alta valoración, pero primordialmente, poner a salvo su ahorro. Por mucha maestría alcanzada por China en la producción, ese tipo de bienes no provee el país.

Este comportamiento fue descrito por David Ricardo en el siglo XIX. La incorporación de nuevos productos expande la procedencia de mercados, donde aquellos que gozan de proximidad o presentan ventajas comparativas se benefician de un precio mejor en razón de economías de escala y menores costos marginales. A ese beneficio se llamó plusvalía. La plusvalía es un producto de la acción del mercado, no como se dijo una usurpación de terceros, inversión estatal mediante. Tal parece que en Lovaina se “perearon”² a esa clase.

La ley ha fracasado. La estadística establece que los permisos de construcción emitidos en Quito, por superficie construida, cayeron el 37% entre 2015-16 y otro 44% entre 2016-17 para configurar un descenso total de 64% en el bienio, informa el Colegio de Arquitectos. El Empleo Adecuado en la construcción descendió de 330.000 a 247.000 empleos en el mismo período; una pérdida del 25% según el INEC. Insistir en ella es necedad obtusa y ceguera.

Los cuestionamientos presidenciales arrancaron los primeros aplausos del respetable, reflejados en el incremento de su popularidad. Este lunes marchan los involucrados a Palacio a exigir acciones en lugar de palabras. El Presidente tiene en juego la suya; nada menos.        

 

¹ Svetlana Aleksievich; Premio Novel de Literatura 2015; “El fin del  homo sovieticus”; Acantilado; 2016; 4ª Edición

² Ecuatorianismo correspondiente a PIRAR

EDUCACIÓN EN DEMOCRACIA

El hombre que se mantiene neutral, no lucha por nada

Archie Moore

¡Quítese el triángulo rojo, señor Melenchon!

Con esta imperativa se dirigió al candidato de la izquierda chavista francesa Carlos Yárnoz, editorialista del diario El País de España. Es que Melenchon tuvo el mal gusto, no justificado por moda, de desarrollar un plan extenso afín a los syrizas griegos, el chavismo venezolano, los podemitas españoles y la ecuatoriana Revolución Ciudadana.

Tomó de esta última el membrete, tal cual. Ofreció “revolución ciudadana”, incluido el llamado a constituyente para fundar una nueva que sustituya la agonizante V República, mediante facultades revocatorias (Venezuela sabe de esta falacia), participación transversal de las bases, sin partidos, y la implementación de una nueva matriz productiva. Las coincidencias no acusan azar: Chikirou, su principal consejera, elaboró personalmente la agenda al socaire del mismo Correa a cuya sombra aposentó desde la derrota de Melenchon en las elecciones de 2012. Abiertamente simpatizante de las nuevoleras satrapías latinoamericanas, la indigerible chanfaina sumó al guiso la separación de la comunidad europea y la OTAN así como la revisión de los tratados internacionales. Para las finanzas,  amenazó, temerario, suprimir la deuda pública. Dejar de pagarla, dijo, significaría dar al estado un papel protagonista del desarrollo.

Aquí al podemita Errejón, allá al neodemócrata Sanders, “Francia insumisa” echó mano para su plataforma electoral de cuanta estrategia ha apalancado el surgimiento internacional del populismo. Pueden dirigirse directamente al pueblo y federarlo a un proyecto de sociedad que responda al cambio climático y la crisis provocada por la austeridad, repite Chikirou, superando la brecha izquierda-derecha: ellos que precisamente se llaman revolucionarios de extrema izquierda. Melenchon se comprometía a eliminar la influencia del presidente frente al parlamento y activar la democracia directa de los Referéndums, aumentar el gasto público, los impuestos y, cucaña de sonora familiaridad entre los ecuatorianos, mejorar la calidad de la comunicación reforzando el control de los medios.      

El triángulo rojo, escarapela que lucía la solapa del candidato, rememoraba la segmentación de los presos durante el nazismo: lo portaban los reclusos por motivos políticos en los campos de exterminio. Ciego de compromiso con la nación, en el ballotage que enfrentó a Macron y la nacionalista (de extrema derecha) Marine Le Pen, Melenchon rehuyó hacer un pronunciamiento favorable a cualquiera de los finalistas provocando la reacción de quienes advirtieron que negarla a Macron significaba hacer el juego al enemigo por antonomasia.

Decisión desconcertante para cualquier hombre de larga trayectoria comunista como él, puede explicarse como la consecuencia de esa pieza estratégica que entiende el ascenso al poder como la ventaja mayúscula de capitalizar la oposición. Oposición a todo: las instituciones, el concepto de democracia, los estamentos de la sociedad. Oposición que divide al electorado de forma maniquea entre buenos y malos; amigos y enemigos. Dispuesta a acechar la desgracia general para recoger sus despojos como hienas, como buitres. A deslindar compromisos por los siguientes años ante la probabilidad de que todo será para peor y asomarán sus cerdosas cabezas a recaudar del fracaso la codiciada prenda de la profecía. Cinismo aleve dispuesto a recaudar los réditos de la fortuna.

La estrategia le sugiere permanecer de outsiders. “No dejarse atrapar por el sistema”, en expresión “insumisa”. Melenchon acuñó el neologismo “degagisme”, de “degager”, largarse, eco inconfundible de aquel “que se vayan todos” de la Argentina de 2001, apropiada en su momento por el primer correato. Por esta vía, se negó a apoyar a Macron, el candidato del sistema. Y lo dijo un hombre de 65 pirulos que ha vivido del sistema, ocupando cargos desde concejal  a eurodiputado, durante 34 años.

La democracia y el sistema republicano enfrentan al populismo con la frecuencia con que aparecen las crisis. Crisis de deuda, de pérdida de competitividad, de desempleo, secundadas de postergación en las prestaciones sociales y desequilibrios presupuestarios pero, más que nada, de representatividad. El populismo se reproduce en sociedades ensimismadas, desarticuladas, apolíticas.

Las grandes amenazas a la democracia norteamericana, lo expresaba David Souter, juez retirado de la Corte Suprema, no estriban en la invasión armada o un golpe de estado, sino en la ignorancia del funcionamiento del gobierno; en desconocer los valores que sustentan esa democracia. “Un pueblo ignorante- acotó-  no puede permanecer libre y la democracia no sobrevivirá a la ignorancia. Los pueblos terminan entregando el poder a manos de un caudillo que resuelva todos sus problemas. Así cayó el imperio romano…”, y así degeneró la gloria de Atenas después de Pericles.

Actualmente las naciones ricas sufren los efectos del comportamiento milenial. Estadísticas muestran que sólo un 36% de europeos protestarían un golpe de estado en caso de manifiesta incompetencia del gobierno, porcentaje que desciende al 19% en EE.UU. Apenas una tercera parte valora los derechos civiles como esenciales en democracia. En Norteamérica, una cuarta parte de la encuesta desecha la importancia de elecciones libres, mientras alcanza al 25% quienes descalifican el sistema.  Para contrarrestar la creciente apatía del hecho público se propone disminuir a 16 años la edad facultativa del voto y retomar el syllabus de Educación Cívica.

Otra respuesta señala deficiencias educativas. Preocupados por el desempleo y la competencia global han enfocado su atención en preparar las nuevas generaciones para el trabajo antes que para la participación democrática. Miran a la generación emergente en cuanto trabajadores y consumidores antes que en la perspectiva de votantes y ciudadanos.

Learning-Democracy-at-Utoeya 

Noruega creó el programa “Aprendizaje de democracia en Utoya”. El lugar es una isla de triste celebridad desde que un neonazi disparó y asesinó  a 69 adolescentes. Allí acuden estudiantes durante tres días a informarse del ataque así como a reflexionar de los valores de la democracia y cómo afrontar los embates al sistema. Vuelven a sus aulas con la tarea de transmitir a sus pares los valores que han descubierto y argumentar sus posiciones. Luego de la visita, una maestra testimonia su entusiasmo con esta relación: “Es un lugar dónde no se requiere dar explicaciones de la importancia de enseñar democracia y luchar por sus valores”.

La propuesta de educación cívica rebasa la descripción somera del funcionamiento de la administración pública al recrear entornos en que los alumnos se acostumbran a vivenciar las instancias que ella provee; donde se acude al debate, a tratar temas controversiales en discrepancia  respetuosa. Entornos que destierran la prepotencia y la descalificación; donde romper un periódico y calumniar desde una tribuna consiguen repudio inmediato en lugar del aplauso pinnípedo y el balar domesticado. Sin referencia a los valores democráticos de libertad de opinión, alternancia, rendición de cuentas, los jóvenes quedan expuestos a las manipulaciones emocionales del nacionalismo desbocado o la soflama revolucionaria que conmina a arranchar el poder de unas élites para establecer otras, cerradas, excluyentes, donde el déspota sustituye al rey y el micrófono al cetro, pero la demagogia campea.

Los griegos fueron prolíficos en crear deidades. Su panteísmo convirtió los ríos y bosques, tanto como los valores de libertad o justicia, en personificaciones de altar. Curiosamente la democracia nunca tuvo lugar en ellos. Esa peculiaridad la vuelve parte de la condición humana y, por tanto, objeto de la mano y la voluntad de los hombres. La vuelve un arte y como tal, objeto de estudio, de conocimiento. De práctica y constante perfeccionamiento.

CUENTO DE LA LUNA Y LOS CABEZONES

El remedio inventado por Lenin y Trotsky, la supresión general de la democracia, es peor que el demonio que suponía iba a conjurar

Rosa Luxemburg

Para enero de 1925 el proceso de consolidación de Stalin al interior del PCUS llevaba la inercia del “bus en bajada”. Logra destituir a Trotsky, el verdadero gestor de la revolución de Octubre, su gran enemigo, del cargo de Comisario de Guerra y nombra en su lugar a Mijail Frunze. Para el otoño de ese mismo año, Frunze, que padecía una dolencia cardíaca, había también desaparecido. Este fugaz paso por la administración soviética estuvo envuelto en una singular trama que enfrentó no sólo a los facultativos que asistieron al paciente sino a Frunze consigo mismo.

Por una parte, ciertos médicos sugirieron la intervención inmediata; otros la descartaron dada su precaria condición física. Los titubeos acrecentaron la incertidumbre y Frunze llegó a confesar a un viejo amigo cuan indispuesto se hallaba para someterse a ella. Este intentó convencerle que no lo hiciera, pues que de sólo pensarlo se deprimía. “Meneó la cabeza: Stalin insiste en la operación para que me alivie de una vez de mis úlceras”, le había contestado. Y se sometió al bisturí. Por orden del Politburó, se le intimidó a tomar esa opción aun cuando, en carta a su esposa de la víspera le escribía: “… es ridículo no sólo ir al hospital sino incluso pensar en una operación… no tengo nada grave ya que, si lo contrario fuera cierto, no se entendería mi rápida curación después del descanso y el tratamiento”.

Boris Bajanov, que fuera secretario del dictador y huyera a Occidente, compareció con este testimonio a la naturaleza asesina de aquella intervención: “Los médicos del dictador sabían perfectamente que ese corazón no lo soportaría y emplearon justamente el narcótico que le sería fatal”. El desenlace, tanto como los entretelones que lo precipitaron, fueron captados por la pluma del poeta Boris Pilniak que publicara en mayo del año siguiente el relato que llevó por título “El cuento de la luna no apagada”. En ella reprodujo los acontecimientos,  con el entonces innovador estilo del montaje cinematográfico, y acusó a Stalin de haber perpetrado esa muerte. La obra fue retirada de inmediato de circulación. Para 1937 el autor era encarcelado y ejecutado; no volvería a cuestionar la infalibilidad del sátrapa, la miseria del pueblo, la alienación obrera de su propia revolución.

Éste, inscrito entre los primeros crímenes del estalinismo ascendente, se amplió en “El gran terror”, de Robert Conquest, clásica denuncia del bolchevismo, generosamente difundido en medios occidentales. A su imagen y semejanza aparecieron otros títulos que configuraron el estereotipo anticomunista, más próximos al macartismo que al debate teórico. Esa filiación innegable confabuló contra las publicaciones, tildadas de propaganda capitalista. Quienes se sumaron a esta réplica, negando los crímenes del comunismo, adherentes incondicionales del hombre nuevo y la liberación por vía revolucionaria, recibieron el remoquete de “cabezones”; una secta cuyas epifanías emanaban desde las torres bulbiformes de la Plaza Roja. En su fervor no cabía una filosofía humanista que asesine despiadada; tampoco en su lógica un programa de economía política que condene al hambre.

Para su desencanto, a partir de 1988, en que se abrieron al público los archivos secretos del KGB y las publicaciones soviéticas divulgaron los expedientes nefandos, aparecieron, tal cual, los motivos y métodos de supresión de ciudadanos incómodos que hacían parte del lóbrego relato de Conquest. Se validaron las masivas detenciones y masacres, las hambrunas forzadas y las atroces colectivizaciones, antaño cantadas encomiando el trabajo en la propaganda estalinista.

Con la extinción soviética, los cabezones y sus primos los “chinos”, emprendieron una retirada estratégica a la espera de las recurrentes crisis del capitalismo. Los años horrendos del ajuste macroeconómico pavimentaron su retorno a lomo de la persecución sufrida bajo la bota militar del Cono Sur, el frustrado gobierno de la Unidad Popular y un renovado catecismo que acogía las premisas de la democracia liberal. Una hoja de servicios atravesada por la incorporación al decálogo del reformismo proveniente de los Derechos Humanos.

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Quienes desmenuzan la crisis venezolana se explican la permanencia de Maduro por la entrega del gobierno y del aparato estatal a la tutela militar. Ésta incurre ahora en el negocio petrolero, campo que Chávez les hubo vedado mientras detentó la magistratura, amén de la banca, la minería y la responsabilidad alimentaria. Se acusa a la jerarquía de vínculos con el narcotráfico; de mantener un generalato desproporcionado al número de soldados por oficial en servicio; de ineptitud para controlar la criminalidad más alta del mundo; del connubio con las milicias urbanas, a las que encubren de delitos con que cobran sus favores.    

En la Venezuela madurista todo es posible. Los ensayos afirman que en los últimos dos años la mayoría de venezolanos ha perdido peso por el desabastecimiento, pero Maduro se niega a declarar la emergencia humanitaria. Aunque solucionaría los casos de muerte prevenible con una dotación mínima de fármacos, persiste en mostrar un país imperturbable ante la disidencia de minorías, aunque aparezcan millones en la foto. La propaganda gubernamental busca ablandar su imagen y decidió convertir su rampante tropicalismo en pregón de su humilde origen y una supuesta sabiduría de las cosas simples. Los pueblos lo repudian; los gobiernos lo apoyan.

No parece posible explicar la falta de voces que condenen las miserias venezolanas por temor a recibir los aleves denuestos de un fatuo y reconocido procaz. El cuestionamiento parte de la invocación de los socios naturales del madurismo (el correato en primera fila¹) a respetar el derecho internacional, la legitimidad del mandato, descalificar la injerencia y, entre otras lisuras, llamar a un diálogo del que son responsables, pues de su participación el único logro fue extender el plazo para la opresión. Es delicado pedir la intervención de otras naciones, pero la diplomacia de contención ¿ha medido el padecimiento del pueblo? ¿La referencia son las masacres de Kosovo o Ruanda? ¿Cuántos muertos deben producirse para sujetar un régimen sanguinario? Si en el otro plato de la romana la coyuntura mundial nombra los Castro y Mugabe, bajo el supuesto que sus pueblos han decidido vivir bajo su planta, ¿no cabe, en aplicación de la determinación del pueblo venezolano, que se le consulte? El referéndum procede más que nunca. Procede desde hace tres años que se lo niegan.

Entendible la “cabezonía” en los aliados del ALBA, Mujica e incluso Pérez Esquivel, pero ¿del Papa? Desmerecen las declaraciones de Francisco, a contramano de la Conferencia Episcopal Venezolana que ha repudiado la desmesurada represión del estado. Las asambleas del estalinismo practicaban el alboroto como estrategia de silenciamiento. Deutscher recuerda como Trotsky enmudeció ante la orquestada multitud: “Contra la insolente gritería con que era recibido y los obsesivos abucheos y siseos, sus razonamientos más convincentes, su genio para la persuasión… no valían de nada”. El chavo- madurismo acalla a su pueblo y ejecuta estas prácticas en todo foro, como documentan las sesiones de OEA. Explicar la diplomacia vaticana sometida al macabro juego de malabares aparece inconcebible para una cancillería bisoña, no se diga la más antigua del mundo.  A Maduro lo sostiene la indolencia internacional.   

La legitimidad del mandato no tiene carácter sacro ni responde  exclusivamente al origen. Cuestionada desde el Renacimiento, la jurisprudencia acepta su procedencia comicial, pero conservarla implica atenerse al acuerdo social; no hundir la nación en los extravíos del desgobierno. La invalida quien rompe las normas de la convivencia cuando reprime; cuando permite el hambre.

Al ser presentado su libro en la URSS de Gorbachov, Conquest encontró subestimadas sus cifras de muertos, encarcelados y torturados. Recibió el reclamo de lenidad al reflejar pálidas las proporciones terroríficas de una dictadura que atormentó así a su pueblo. Todo había sido peor.

¹http://www.elcomercio.com/actualidad/ecuador-comunicado-comunidadinternacional-respeto-venezuela.html